Prisa y sensación
¿De qué manera la presencia continua de fechas límite y la prisa —es decir, la secuencia de acciones amontonadas con sus intervalos y las carencias de sus pausas naturales— actúan sobre el sistema nervioso?
Cuando se estrenó Tío Vania de Antón Chéjov resultaba largo, duraba tres horas y media. Chéjov trabajó tres días en el texto y cortó una hora de la obra. Pero cuando volvió a ser representada, la duración volvió a ser de tres horas y media. “Pero ¿qué pasó? ¿Le han agregado más texto?’ preguntó Chéjov. Y el director Stanislavsky respondió: “No, le hemos agregado las pausas necesarias’.

Si uno se encuentra en un negocio, por ejemplo, una boutique o un salón de automóviles donde los vendedores buscan convencer a uno para que compre algo, la manera más elemental para lograr su objetivo será apresurar al cliente: mañana terminan los saldos, son los últimos pares, los incentivos para el desguace terminan a fin de mes, etc. La prisa puede ser vista bajo ciertos aspectos como una forma de manipulación dirigida tanto hacia los otros como hacia uno mismo, porque la prisa es interpretada por el organismo como una situación de alarma, de emergencia. En todas estas situaciones, el organismo se organiza siempre cerrando las sensaciones internas para dirigirlas hacia el mundo. Una vez que las sensaciones internas se cerraron, uno ya no puede evaluar si el automóvil, el par de zapatos o el vestido corresponden realmente a la propia necesidad. Es más fácil de manipular una persona que no tiene sensaciones o que no las reconoce, que no presta atención a su necesidad y que, por lo tanto, en una situación de alarma, de emergencia, de miedo o de confusión, se aferra a la primera solución que se le propone, en este caso la de realizar la compra. Lo mismo ocurre en muchas empresas, donde el hecho de tener ritmos de trabajo sincopados y una presencia continua de fechas límite que hay que respetar hace que los empleados no tengan nunca el espacio para preguntarse o darse cuenta de si son explotados o apreciados, si su trabajo les gratifica o no, por qué lo hacen, para quién lo hacen y si se les paga de acuerdo con su valor. Es como si el individuo estuviese sostenido en un estado constante de distracción, hipnotizado, en estado de emergencia.

J. Tolja – F. Speciani
del libro Pensar con el cuerpo